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Archive for 3 marzo 2013

Diario

Hay una pregunta que se repite  de manera sistemática cada vez que le hablo a algún amigo sobre la reciente publicación de mi novela. La mayoría se interesa por saber si ya había escrito algo antes o simplemente me dejé llevar por un impulso repentino de comenzar a escribir. Yo les digo que, a lo largo de los años, he escrito montones y montones de diarios personales. Eso no cuenta, me responden. Y yo no intento llevarles la contraria.

Pero están equivocados. Sí cuenta, y mucho.

Comencé a escribir diarios con catorce años, y lo hice de forma ininterrumpida hasta los veinticuatro.  Cuando echo un vistazo a los primeros apuntes de mi adolescencia veo un montón de información desorganizada, con una ortografía y una gramática propia de esa edad y un estilo muy poco cuidado.

Con el paso de los años, y con el creciente interés por aprender a redactar los sucesos de una forma amena y más correcta, los cuadernos fueron ganando en todos los aspectos. Aprendí  poco a poco a estructurar los pensamientos, a organizar la información antes de plasmarla en el papel. Perfeccioné la capacidad de transmitir lo que quería decir y cómo lo quería decir. Escribiendo los acontecimientos del día uno crea conciencia sobre las cuestiones que son más relevantes,  y obvia las que no lo son.

Los diarios son vehículos de expresión que aumentan la creatividad y avivan la intuición.

Cuando nació mi hijo, volví a retomar la costumbre de escribir. Pero esta vez el diario iba dirigido a él. Quería dejarle un documento escrito de los inicios de su vida; un reflejo detenido en el tiempo de los progresos y anécdotas de su desarrollo. Fueron ocho años de escritura casi diaria, plasmada con esmero, pues sabía que, algún día, él los leería.

Por tanto, ¿de verdad nunca había escrito antes?

Creo que me he pasado la vida aprendiendo a escribir y no me había dado cuenta.

Escribir una novela ha sido, para mí, un proceso natural e intuitivo, un paso más en el manejo de las palabras, sin los límites de sucesos y personajes reales que no dejan lugar a la imaginación. De pronto podía crear mil aventuras, podía definir montones de personajes, dotarles de personalidad y hablar a través de ellos.

Ha sido una experiencia fascinante que, sin duda, pienso repetir.

Mayte F. Uceda

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